El día que descubrí que era dueño de un pedazo de montaña (y por qué aún no tengo mi cabaña).
En pleno 2020, mientras el mundo entero estaba bajo llave por voluntad mundial, algunos decidimos que el encierro se pasaba mejor lejos del asfalto. Así que, semana sí y semana no, nos íbamos a trancar al campo. Para fines prácticos, si ponías en una balanza la ciudad, el campo y un cementerio en esos días, te aseguro que en este último había muchísima más actividad. Esas escapadas me dieron la oportunidad de explorar zonas que quizás visité cuando era un niño, pero de las que ya de adulto no guardaba memoria. El campo de mi familia materna siempre ha sido mi segundo hogar... o el primero. De hecho, cuando la gente me pregunta de dónde soy, siempre digo con orgullo que soy de allá, aunque la fría realidad diga que nací en una clínica en la Gómez con Independencia. Un oasis helado en medio del Caribe Allá arriba el clima es otra cosa: perfecto. Un frío de nevera que se siente como un oasis helado en medio del Caribe, de ese que te obliga a andar en abrigos, a dormir arropado con tres fr...